Antropología y Muerte

Intervención en el Cementerio Parroquial de Penco


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Actividad junto a estudiantes de segundo año de la carrera de Antropología de la Universidad de Concepción, Chile.

Constanza Torres, antropóloga docente de la Universidad de Concepción, contactó al equipo que trabaja en la intervención del Cementerio Parroquial de Penco para realizar una clase práctica en las inmediaciones del campo santo en el marco del ramo de antropología física impartida a los alumnos de segundo año plan común de antropología. La profesional habiendo participado anteriormente en el trabajo realizado en el cementerio nos contactó por la importancia de la labor, y así transmitir a los alumnos/as del curso mencionado con anterioridad la importancia del trabajo interdisciplinario entre los ámbitos sociales y físicos de la intervención realizada en Penco, comuna de Chile. En el trabajo del cementerio bajo el objetivo principal de la identificación de las osamentas derrumbadas tras el terremoto del pasado 27 de febrero de 2010 se ha realizado desde aquel entonces una labor en conjunto a la comunidad afectada, principalmente familiares y conocidos de los difuntos, y el acucioso rescate del pérfil osteo-biológico de las osamentas contenidas en la capilla al interior del cementerio.

La actividad del pasado jueves se desarrollo comenzando con una contextualización de la situación vivida hasta el presente por parte de las antropólogas Camila Guerra y Erika Reyes, encargadas de la labor actualmente (mencionando a la antropóloga Cecilia Moraga que no pudo estar presente aquel día). Luego de aquella introducción los 20 estudiantes asistentes se dividieron en grupos de 10, cada grupo participó en dos actividades diferentes realizadas paralelamente. La primera actividad estuvo enfocada a la introducción de los estudiantes al desarrollo y presentación de la entrevista social efectuada a los familiares, realizada por Camila Guerra, reflexionando el enfoque de la entrevista, sus items, la responsabilidad del profesional para obtener la información necesaria del difunto, y eventualmente, poder identificar al sujeto con la información rescatada.

La segunda actividad paralela consistió en permitirles el ingreso al laboratorio de antropología física recreado al interior de la capilla del cementerio, lugar donde también se encuentran resguardadas las osamentas en sus respectivos sacos, y en donde se realizan las labores de individualización e identificación de las osamentas. Al interior en dos grupos de 5 personas cada uno, y cada grupo supervisados por las antropólogas Constanza Torres y Erika Reyes, se realizó la individualización de cuatro osamentas junto al primer grupo, y junto al segundo grupo se individualizarón 3 osamentas.

La jornada estuvo marcada por el alto interés de los asistentes, junto a sus reflexiones de la importancia del trabajo realizado, expresión de sus dudas y comentarios de la situación. Cabe destacar que a la jornada asistieron tanto alumnos/as inclinados al área física como los familiarizados con el área social de la antropología.

Las conclusiones de la actividad son realmente positivas, ya que conocemos los alcances y la importancia de la intervención realizada en el cementerio Parroquial de Penco en ayuda a la comunidad que afectada por una problemática en particular puede acudir a profesionales del área de la antropología, tanto física como social, para darle solución a sus problemas con las herramientas aprendidas y ajustadas en el contexto particular donde se realice cierta labor, en este caso la identificación de difuntos que a causa de un desastre natural perdieron su identidad. También fue grato compartir con la comunidad estudiantil que presentan intereses similares a los que tuvimos en algún momento y aún mantenemos, incentivandolos a la realización de posibles futuros trabajos en contacto con una comunidad aquejada de un problema, y los alcances de apoyo en este tipo de situaciones. Destacamos la responsable y respetuosa gestión de Constanza Torres y sus alumnos/as en el trabajo junto a las osamentas y el contexto en el que se desarrollo la actividad, sin dejar de mencionar que desde un principio la jornada se gestó de manera precavida principalmente para no afectar en las vulnerabilidades de lo que conlleva estar trabajando en la identificación de difuntos, los cuales estan representados por dolientes que aún esperan respuestas de parte de nosotras, lo que requiere delicadeza y responsabilidad al momento de organizar actividades como está.

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Conservación de osamentas, autocríticas de la Intervención.

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Conservación de las osamentas, autocríticas de la Intervención.

Desde el comienzo del trabajo en el Cementerio Parroquial de Penco en el año 2010 a la fecha, todo el proceso ha pasado por diferentes etapas, las que, a modo de resumen, partieron con el levantamiento realizado por los trabajadores del cementerio de los cuerpos que se encontraban en los nichos derrumbados tras el terremoto del pasado 27/F; aproximadamente una semana después se produjo la llegada de estudiantes de antropología de la UdeC para colaborar con la limpieza e identificación de los restos (etapa que se extendió hasta mediados del 2012) junto a las entrevistas a familiares; finalmente la etapa en que nos encontramos hoy en día es la de confrontar la información de las entrevista sociales y las fichas osteológicas, además de la estandarización de la información procedente de las osamentas. Actualmente hoy, además de 2 antropólogas voluntarias, se encuentran trabajando 5 estudiantes de Antropología de la Universidad de Concepción quienes están realizando su pre-práctica.

Debido al interés y necesidad de manejar las osamentas es que afloran nuestras inquietudes respecto a la forma en que estas se encuentran actualmente. Estamos conscientes del deterioro al que los restos se encuentran expuestos día a día, no sólo debido a su manipulación por parte nuestra, sino debido también a las condiciones en que se encuentran almacenados. Cabe destacar que los restos están salvaguardados en la denominada “capilla” del cementerio, una construcción que fue comenzada con esos fines pero que posteriormente fue utilizada como bodega por los trabajadores del cementerio y en la actualidad alberga los más de 300 individuos que intentan ser identificados. Además de la humedad propia del clima y del lugar, debido a que no posee ventanas, se suma el agujero que existe en el techo debido al desplazamiento de una de las planchas de pizarreño luego de los temporales del invierno 2012, lo que deja los sacos con los restos expuestos directamente al estado del tiempo reinante, es decir humedad y agua los días de lluvia, y calor y luz directa los días de sol.

Actualmente cada osamenta se encuentra almacenada individualmente en un saco y/o bolsa por individuo, dependiendo de la embergadura de los restos, y cada individuo además con su ropa si es que correspondiera. Además ciertos huesos pequeños o dientes en bolsas plásticas individuales. A pesar de esto hay otros que están depositados directamente, ropa y restos óseos, dentro de cada saco, sin separación o clasificación alguna, esto debido a los periodos de la intervención que ha sufrido etapas de bajo presupuesto y no contar con el material ideal en todos los casos para embalar las osamentas y sus objetos asociados de manera responsable con su conservación.
Los sacos se encuentran en su gran mayoría, dispuestos en el suelo de la capilla, y el resto en repisas de madera, por lo que la exposición a las condiciones climático-ambientales y de insectos y arácnidos es constante.

Debido a la cantidad de individuos que existen en nuestros registros, y al trabajo previo que se ha realizado en ellos (limpieza, clasificación, caracterización individual de cada esqueleto) es que el estudio de ellos significa una gran fuente de información para investigadores y estudiantes, por lo tanto el acceso y manipulación de ella, con el debido respeto y conforme al objetivo final de este trabajo que es la individualización e identificación positiva de los restos, puede generar muchas formas potenciales de investigación para la antropología en general y conocimiento osteológico de esta población en particular.

Sabemos que la autocrítica es necesaria en situaciones como esta, intentando evaluar qué se ha hecho mal y qué es lo que podemos mejorar, siendo en este último punto donde nos encontramos actualmente. Con el tiempo hemos podido constatar la importancia de esta colección, las posibilidades de estudio que ella representa, pero al mismo tiempo sabemos que si no existe una correcta conservación de estos restos, llámese contenedores individuales con materiales apropiados e indicados para su conservación, tampoco será posible un correcto estudio y hará aún más difícil una identificación positiva de restos para ser entregados a sus familias. Debido a la precariedad de las instalaciones es que el estudio y manipulación que se realiza a fin de obtener una identificación positiva es al mismo tiempo lo que está poniendo en jaque su integridad y conservación.